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El bullying es el acoso continuado al que se le da a un alumno por parte de sus compañeros o profesores, el bullying puede ser de diversos tipos: físico, verbal o psicológico.

En España, durante el año 2018, se detectaron 5.500 casos de posible bullying en centros escolares, el 80% de los casos fueron denunciados por los padres de los alumnos acosados, mientras que tan solo el 4% de los casos fue denunciado por los propios alumnos, según datos del Ministerio de Educación. Los síntomas que manifiestan van desde trastornos psicológicos (ansiedad, tristeza) o síntomas físicos (problemas digestivos o de sueño).

Desde Solihogar nos gustaría destacar algunas conductas de los agresores que no son fácilmente perceptibles para las personas que no sufren bullying:

bullying en el colegio
• El efecto llamado “contingencia del chivato”: esto es un tipo de intimidación del agresor hacía el agredido, con la cual coaccionará a la víctima para que no cuente que le está ocurriendo. Está amenaza puede ser de cualquier tipo, va a depender de la persona, puede ser cualquier cosa a la que el agredido muestre miedo o temor a que sea difundida (información, imágenes, etc.).

Violencia epistémica (verbal): se refiere a la violencia basada en la anulación de la persona, es decir, en un contexto escolar cuando el alumno realiza alguna intervención en el aula, el agresor intentará que esa intervención no sea valorada ni por los compañeros ni por los profesores. Otro ejemplo de este tipo de violencia, es cuando la víctima de bullying comete algún error, el agresor tratará de maximizarlo para que la víctima se sienta ridiculizado delante de sus compañeros y profesores, mientras que cuando la víctima realice algún acierto, la reacción del agresor será la contraria, para intentar que la víctima no se sienta valorizada. Este tipo violencia destaca por ser pequeños gestos, como los comentados anteriormente, de forma continuada y no algo extremadamente grave de forma aislada.

Intensidad de la agresión: siempre se realiza de menor intensidad a mayor, los primeros acontecimientos de bullying suelen ser agresiones verbales (epistémica) porque es más difícil de denunciar y probar a las personas externas que pueden actuar (padres, profesores) de está forma van reduciendo la moral de las víctimas, para que se sientan indefensos ante las agresiones. Una vez la persona es lo suficientemente vulnerable, las agresiones verbales se irán convirtiendo, paulatinamente, en agresiones físicas.

Sentimiento de persecución: este es el sentimiento que se da cuando no está dándose la agresión, la incertidumbre de no saber dónde se encuentran los agresores y no saber cuándo va a producirse la próxima agresión.

Por ello, desde Solihogar queremos dar algunas pautas a padres para poder detectarlo como a profesores:

Para padres, lo principal para poder intervenir como padre de un hijo que está sufriendo bullying es la comunicación asertiva con su hijo, es decir, crear un clima de confianza dónde se facilite el intercambio de comunicación entre padres e hijos. Cuando su hijo le cuente algún problema que a usted como adulto no ve importante, ayúdele, enseñándole estrategias de como afrontar ese problema, pero no reduzca la importancia del problema, porque la percepción de un niño no es la misma que de un adulto. La comunicación es la mejor forma de detectar el bullying de forma temprana.

Para profesores, una técnica que puede resultar interesante para detectar bullying en el aula es realizar un registro, dónde los alumnos de forma anónima anoten como se sienten emocionalmente en clase, en el recreo, cuándo están volviendo a casa, etc. Además, de realizarlo en diversos momentos a lo largo del curso académico, para comprobar si se han producido cambios.

Solihogar recomienda, a padres y tutores, crear un clima de colaboración entre ambas partes para actuar con la mayor celeridad posible y poder evitar nuevos casos de bullying que pueden producirse a lo largo del curso escolar.

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